Diálogos que escuché por ahí sobre mí:
-¡Pero Pon* es un tirano terrible!
-Sí, es un tirano. Un tirano adorable.
(Jeje, no me hagan reir que me duele la panza).
*Pon es mi nombre abreviado. No busquen lógica en esto, por favor.
martes, agosto 30, 2005
juguetes
Digo yo,
¿quién cuernos diseña los juguetitos para nosotros?
Yo entiendo la buena voluntad de alguna gente pero...¿a quién se le puede ocurrir que un pedazo de goma con forma de hamburguesa puede tener algún tipo de atractivo perruno? ¿No entienden que a nosotros las cosas del mundo nos entra por la nariz y no por los ojos?
Máxima primera: si la hamburguesa huele a goma no es una hamburguesa.
Máxima dos: una hamburguesa no hace ruido cada vez que se la aprieta con la pata.
Máxima tres: ¿no era que no se jugaba con la comida?
Bueno, como sea.
Ese juguetito pierde su tiempo conmigo.
¿quién cuernos diseña los juguetitos para nosotros?
Yo entiendo la buena voluntad de alguna gente pero...¿a quién se le puede ocurrir que un pedazo de goma con forma de hamburguesa puede tener algún tipo de atractivo perruno? ¿No entienden que a nosotros las cosas del mundo nos entra por la nariz y no por los ojos?
Máxima primera: si la hamburguesa huele a goma no es una hamburguesa.
Máxima dos: una hamburguesa no hace ruido cada vez que se la aprieta con la pata.
Máxima tres: ¿no era que no se jugaba con la comida?
Bueno, como sea.
Ese juguetito pierde su tiempo conmigo.
lunes, agosto 22, 2005
Gloria total
El dueño de Anita nos trajo licor Tía María para festejar el reencuentro con su San Bernardo. Así da gusto devolver perros perdidos, je.
Bueno, amigos, ¡salud!
¡Glup!
Bueno, amigos, ¡salud!
¡Glup!
lunes, agosto 15, 2005
Anita
He tenido unos días agitadísimos. Y todo porque una San Bernardo se escapó una noche de sábado con un celo terrible.
Ya sé, no me lo digan, soy un celoso de porquería. Debería aprender de Peludo que anda ahí con su Cano a cuestas.
Pero es más fuerte que yo. No puedo. No sé compartir mi espacio. ¡¡Y menos con una San Bernardo enoooorrrrmeeee!! Su pata es más o menos mi tamaño. Y si vieran las tortas que nos dejó en la puerta de calle. ¡Uf! Sólo a mi dueña se le puede ocurrir aparecer con un perro de tamaña magnitud esperando que yo lo acepte. Pero no hubo nada que hacer pues allí estaba, husmeando en el jardín. No la culpo, yo hice lo mismo hace cinco años (ver primeros posts de este blog). Pero yo lo hice primero. Yo. ¿Quién se cree ella?
Fue una carrera contra el tiempo. La encontraron mi dueña y el despeinado cuando salían de la casa. Ahí nomás trataron de ver si tenía alguna medallita con alguna dirección. Pero no tenía nada, sólo un pequeño collar. Ni señales de quiénes eran sus dueños. ¿Por qué no nos ponen medallitas a todos, eh? Así sería mucho más fácil encontrar al dueño, saber cómo se llama el perro...
La perra esta estaba alzadísima. Dios mío, se la olía de lejos y le levantaba la cola a cualquiera. Hasta yo me puse un poco, bueno, ya saben. Pero se me fue enseguida, eh. La furia y el miedo de que se quedara estaba primero.
Luego de dar varias vueltas y dejar el teléfono en un kiosco y en la garita de vigilancia la pusieron a dormir en el jardincito de adelante que ahora tiene rejas altas.
No les puedo explicar la impotencia. El único ojo que tengo se me quería saltar de la órbita.
Mi dueña me explicó que la perrita (¿¿la perrita ese cacho de mastodonte??) estaba perdida y que no podíamos dejarla en la calle porque además estaba en celo. Y que mañana o pasado encontraríamos al dueño (¿¿cómo alguien puede perder un San Bernardo??).
Bueh.
Al final tenían razón. El domingo el dueño de "Anita" (sí, se llamaba Anita) se contactó con nosotros y vino enseguida a buscarla. El reencuentro fue increíble. Anita parecía una cachorra de lo feliz que estaba.
Y, claro, yo también me puse feliz. Cada uno por razones diferentes.
Je.
Ya sé, no me lo digan, soy un celoso de porquería. Debería aprender de Peludo que anda ahí con su Cano a cuestas.
Pero es más fuerte que yo. No puedo. No sé compartir mi espacio. ¡¡Y menos con una San Bernardo enoooorrrrmeeee!! Su pata es más o menos mi tamaño. Y si vieran las tortas que nos dejó en la puerta de calle. ¡Uf! Sólo a mi dueña se le puede ocurrir aparecer con un perro de tamaña magnitud esperando que yo lo acepte. Pero no hubo nada que hacer pues allí estaba, husmeando en el jardín. No la culpo, yo hice lo mismo hace cinco años (ver primeros posts de este blog). Pero yo lo hice primero. Yo. ¿Quién se cree ella?
Fue una carrera contra el tiempo. La encontraron mi dueña y el despeinado cuando salían de la casa. Ahí nomás trataron de ver si tenía alguna medallita con alguna dirección. Pero no tenía nada, sólo un pequeño collar. Ni señales de quiénes eran sus dueños. ¿Por qué no nos ponen medallitas a todos, eh? Así sería mucho más fácil encontrar al dueño, saber cómo se llama el perro...
La perra esta estaba alzadísima. Dios mío, se la olía de lejos y le levantaba la cola a cualquiera. Hasta yo me puse un poco, bueno, ya saben. Pero se me fue enseguida, eh. La furia y el miedo de que se quedara estaba primero.
Luego de dar varias vueltas y dejar el teléfono en un kiosco y en la garita de vigilancia la pusieron a dormir en el jardincito de adelante que ahora tiene rejas altas.
No les puedo explicar la impotencia. El único ojo que tengo se me quería saltar de la órbita.
Mi dueña me explicó que la perrita (¿¿la perrita ese cacho de mastodonte??) estaba perdida y que no podíamos dejarla en la calle porque además estaba en celo. Y que mañana o pasado encontraríamos al dueño (¿¿cómo alguien puede perder un San Bernardo??).
Bueh.
Al final tenían razón. El domingo el dueño de "Anita" (sí, se llamaba Anita) se contactó con nosotros y vino enseguida a buscarla. El reencuentro fue increíble. Anita parecía una cachorra de lo feliz que estaba.
Y, claro, yo también me puse feliz. Cada uno por razones diferentes.
Je.
lunes, agosto 08, 2005
Seres pequeños
Hubo mucha fiesta este mes.
Y mucha gente.
Siempre que viene gente me pongo nervioso. No sé qué sensor se me dispara y ¡zaz! empiezo a ladrar y a poner cara de pocos amigos a todos los que vienen. Es que muchos de ellos son maleducados y ni me registran, cosa que me pone de peor humor. ¿Cómo es que no pueden saludarme al menos? Nadie dice que tienen que levantarme en brazos como lo hace ella y cubrirme de besos. No pido eso. Simplemente ser tomado en cuenta. Esta gente no entiende nada y juega con mi autoestima como en un subibaja.
Para colmo en estas reuniones proliferan estos seres que son humanos pero más chiquitos. Aún no hablan. De hecho, creo que yo me hago entender mejor que muchos de ellos. Estos seres pequeños vienen y acaparan toda la atención. Pegan unos berridos insoportables que si yo los hiciera me pondrían de patitas en la calle (bah, en el patio). Pero con estos seres no. A estos los acunan, los miman, los calman. Nunca pero nunca se enojan con ellos.
¡Agh!
Y mucha gente.
Siempre que viene gente me pongo nervioso. No sé qué sensor se me dispara y ¡zaz! empiezo a ladrar y a poner cara de pocos amigos a todos los que vienen. Es que muchos de ellos son maleducados y ni me registran, cosa que me pone de peor humor. ¿Cómo es que no pueden saludarme al menos? Nadie dice que tienen que levantarme en brazos como lo hace ella y cubrirme de besos. No pido eso. Simplemente ser tomado en cuenta. Esta gente no entiende nada y juega con mi autoestima como en un subibaja.
Para colmo en estas reuniones proliferan estos seres que son humanos pero más chiquitos. Aún no hablan. De hecho, creo que yo me hago entender mejor que muchos de ellos. Estos seres pequeños vienen y acaparan toda la atención. Pegan unos berridos insoportables que si yo los hiciera me pondrían de patitas en la calle (bah, en el patio). Pero con estos seres no. A estos los acunan, los miman, los calman. Nunca pero nunca se enojan con ellos.
¡Agh!
martes, julio 19, 2005
Ay
Y sí.
Tuvieron que ayudarme. No hubo manera.
Tampoco podían enojarse conmigo. ¿Cómo iba yo a saber que mi cabeza podía pasar por los barrotes de esa reja pero no mi cuerpo? Error de cálculo, che.
Lo más extraño fue que mi cabeza pasó hacia adelante pero cuando la quise sacar hacia atrás se quedó varada ahí.
Un gracioso dijo: ¿y si en vez de cortar la reja le cortamos la cabeza?
Muy chistoso.
Tuvieron que ayudarme. No hubo manera.
Tampoco podían enojarse conmigo. ¿Cómo iba yo a saber que mi cabeza podía pasar por los barrotes de esa reja pero no mi cuerpo? Error de cálculo, che.
Lo más extraño fue que mi cabeza pasó hacia adelante pero cuando la quise sacar hacia atrás se quedó varada ahí.
Un gracioso dijo: ¿y si en vez de cortar la reja le cortamos la cabeza?
Muy chistoso.
viernes, julio 15, 2005
Travesura
Así y así y ahora así. No, no, así y así...no...¿Era así?
¿Cómo era?
(Voz en off)
PANCHOOOOOOO, ¿¿¿¿¿¿QUÉ HICISTE????????
uy, se dieron cuenta.
¡Ay!
¿Cómo era?
(Voz en off)
PANCHOOOOOOO, ¿¿¿¿¿¿QUÉ HICISTE????????
uy, se dieron cuenta.
¡Ay!
jueves, julio 14, 2005
Tareas perrunas
Las pelotitas me gustan hasta cierto punto pues con mi boca es difícil maniobrar algo redondo y grandote. A veces los niños del jardín de al lado dejan caer sus pelotitas de tenis y luego cuando vienen a reclamarlas no hay nada para devolver (¿dónde está la pelotita?) salvo un estropajo mugriento (obra de mis dientitos, claro está). Cuando era un cachorro destrozaba más cosas pero ahora estoy cansado. Corretear está bien pero me gusta más relajarme y dormir. Una vez que uno descubre algunas canas en su nariz y lomo empieza por buscar siestas en el sillón de plumas de los Rossi.
Lo del plato es harina de otro costal. El plato me encanta. Es chato y fácil de agarrar y se puede patear sin problemas. Además hace un ruido fenomenal. Como apausos. Me vuelvo como loco.
De más está decir que los Rossi no soportan ese ruido y me mandan con el plato a jugar al patio.
En fin, la convivencia.
Lo del plato es harina de otro costal. El plato me encanta. Es chato y fácil de agarrar y se puede patear sin problemas. Además hace un ruido fenomenal. Como apausos. Me vuelvo como loco.
De más está decir que los Rossi no soportan ese ruido y me mandan con el plato a jugar al patio.
En fin, la convivencia.
viernes, julio 08, 2005
Conociendo
Gracias a mi amigo Rufus he conocido a algunos otros perros dando vueltas por la red. Debo decir que con muchos me sentí identificado aunque algunos hablan medio raro. Mi dueña me explicó que es por una cuestión geográfica y me habló de mapas y de una especie de océano Atlántico que es como un montón de agua junta y salada que separa a los continentes en los que vivimos. Me dio pena porque a mí el agua me da un miedo horrible y si encima es salada, ¡puaj! Por suerte está la internet que nos acerca a aquellos que estamos del otro lado del charco y viceversa.
Así que descubrí a Peludo, un perro simpatiquísimo y lleno de amigos y que vive del otro lado del océano. Si vieran los abrazos que se da con todo el mundo. Lo mejor es que no hace distinciones de ningún tipo porque se hace amigo de todo el mundo, ya sean perros chiquitos o grandes, vagabundos o con hogares humanos. Que se le va a hacer. Por suerte hay perros mejor que uno. Yo no puedo con mi genio y le ladro a todos los perros grandes que veo. Pero no se asusten. Soy gruñón sólo al principio. Después de un par de miradas todos se dan cuenta de que soy un tierno.
Ah, claro, y después está la reina de la web: Juliana Perrolis
Muchachos, háganme la gauchada, che...
¡Que alguien le hable de mí a esta diosa!
Así que descubrí a Peludo, un perro simpatiquísimo y lleno de amigos y que vive del otro lado del océano. Si vieran los abrazos que se da con todo el mundo. Lo mejor es que no hace distinciones de ningún tipo porque se hace amigo de todo el mundo, ya sean perros chiquitos o grandes, vagabundos o con hogares humanos. Que se le va a hacer. Por suerte hay perros mejor que uno. Yo no puedo con mi genio y le ladro a todos los perros grandes que veo. Pero no se asusten. Soy gruñón sólo al principio. Después de un par de miradas todos se dan cuenta de que soy un tierno.
Ah, claro, y después está la reina de la web: Juliana Perrolis
Muchachos, háganme la gauchada, che...
¡Que alguien le hable de mí a esta diosa!
Condenado
No hay remedio que me devuelva la salud. Soy un perro condenado. Un perro enfermo y crónico. El veterinario no entiende cómo es que estoy vivo. Siempre dice que va a escribir un libro sobre mí. Yo creo que debo tener algo de alma gatuna por eso de las siete vidas. Mi dueña prefiere creer que es porque soy demasiado testarudo para morirme. Testarudo o valiente. Depende de cómo se lo mire.
Los hombres me hicieron a imagen y semejanza de los emperadores. Pero resulta que no soy un emperador sino un perro y para colmo con los colmillos torcidos. Me pregunto si los emperadores chinos sufrían tanto como yo.
En estos días la veo que entra y sale de la casa y me saluda despacito, como si estuviera sosteniendo una cosita muy frágil. Es cierto que estoy un poco frágil.
Pero si ella supiera lo frágil que se la ve a ella también.
¿Porque quién la sostiene a ella?
Los hombres me hicieron a imagen y semejanza de los emperadores. Pero resulta que no soy un emperador sino un perro y para colmo con los colmillos torcidos. Me pregunto si los emperadores chinos sufrían tanto como yo.
En estos días la veo que entra y sale de la casa y me saluda despacito, como si estuviera sosteniendo una cosita muy frágil. Es cierto que estoy un poco frágil.
Pero si ella supiera lo frágil que se la ve a ella también.
¿Porque quién la sostiene a ella?
miércoles, julio 06, 2005
Enfermo ¿de qué?
Algo comí. No sé qué pero algo comí que no me hizo bien. Anduve vomitando en su cuarto. Además hace dos noches que no duerme en esta casa. Creo que el culpable es ese tipo alto y despeinado que a veces viene con ella. Ayer llegó sola y ni fuerzas para ir a saludarla. Se me acercó y le moví la cola. Despacito. Ella me tomó entre sus brazos. Sííiiiiii.
Una gloria total.
Una gloria total.
viernes, julio 01, 2005
Encantadora
Es duro aceptar que nunca voy a poder hablar. Sólo salen sonidos guturales. Nunca palabras. En esos casos, ella se acerca y me hace varios cariñitos en la nuca. En otra vida, Panchín, me dice.
A veces los imito y salen sonidos extraños, no muy agradables. Nunca parecen sonidos de perro sino de un viejo cascarrabias que se ha quedado sin voz.
Pujo para que salga la voz pero no. Mis cuerdas vocales se niegan y suelen rajar sonidos estridentes.
Cuando ella canta me desentiendo del todo. Apoyo mi hocico en su guitarra vibrante y dejo que la vibración me recorra íntegro.
Es una encantadora de serpientes.
Es una encantadora de.
Es.
A veces los imito y salen sonidos extraños, no muy agradables. Nunca parecen sonidos de perro sino de un viejo cascarrabias que se ha quedado sin voz.
Pujo para que salga la voz pero no. Mis cuerdas vocales se niegan y suelen rajar sonidos estridentes.
Cuando ella canta me desentiendo del todo. Apoyo mi hocico en su guitarra vibrante y dejo que la vibración me recorra íntegro.
Es una encantadora de serpientes.
Es una encantadora de.
Es.
jueves, junio 30, 2005
La historia del ojo
No. No quiero. No la voy a contar. No quiero. No quiero. No quiero. No quiero.
Me impresiona.
No quiero. No quiero. No quiero.
No quieronoquieronoquieronoquieronoquieronoquiero.
Buaaaaaaaaa.
Me impresiona.
No quiero. No quiero. No quiero.
No quieronoquieronoquieronoquieronoquieronoquiero.
Buaaaaaaaaa.
miércoles, junio 29, 2005
Reflexiones
En la calle aprendí lo riesgoso que era todo.
Había perros demasiado grandes buscando comida y gatos con uñas muy afiladas. A mí las patas que tengo no me sirven para casi nada salvo para ser simpático. Por eso odio a los perros grandes ( sin ánimos de ofender, Rufus, con vos no es la cosa, amigo). Pero lo cierto es que la pasé tan fiero que cuando veo a un grandulón me le tiro al humo enseguida. Mi dueña me dice que soy un inconsiente y puede que tenga razón. Soy pequeño pero tengo carácter. De no haber tenido carácter ahora no estaría vivo. Fue ese carácter el que me salvó de la calle y de la muerte. Y el que hizo que se me perdiera mi bonito ojo.
La historia del ojo nunca la cuento. Hay mucha gente fácilmente impresionable rondando en la internet.
También en la calle aprendí de hembras. Y al que diga que no que lo parta un rayo. Todas valen. Aún para nosotros los más pequeños. Nunca subestimen a un pequinés. Nunca (no sé si me explico).
Ahora me voy a comer mi ración del día.
P.D: Ah, Juliana Perrolis, me dejaste enamoradísimo.
Había perros demasiado grandes buscando comida y gatos con uñas muy afiladas. A mí las patas que tengo no me sirven para casi nada salvo para ser simpático. Por eso odio a los perros grandes ( sin ánimos de ofender, Rufus, con vos no es la cosa, amigo). Pero lo cierto es que la pasé tan fiero que cuando veo a un grandulón me le tiro al humo enseguida. Mi dueña me dice que soy un inconsiente y puede que tenga razón. Soy pequeño pero tengo carácter. De no haber tenido carácter ahora no estaría vivo. Fue ese carácter el que me salvó de la calle y de la muerte. Y el que hizo que se me perdiera mi bonito ojo.
La historia del ojo nunca la cuento. Hay mucha gente fácilmente impresionable rondando en la internet.
También en la calle aprendí de hembras. Y al que diga que no que lo parta un rayo. Todas valen. Aún para nosotros los más pequeños. Nunca subestimen a un pequinés. Nunca (no sé si me explico).
Ahora me voy a comer mi ración del día.
P.D: Ah, Juliana Perrolis, me dejaste enamoradísimo.
Sale el sol
¡Albricias!
Hoy se levantó de la cama y me saludó con voz alegre. Aún no ha salido a trabajar. Mejor. La tengo toda para mí. Mientras escribe sus cosas importantes yo me siento abajo de sus pies. Me gusta sentir sus pies. No sé por qué pero es así.
Hoy se levantó de la cama y me saludó con voz alegre. Aún no ha salido a trabajar. Mejor. La tengo toda para mí. Mientras escribe sus cosas importantes yo me siento abajo de sus pies. Me gusta sentir sus pies. No sé por qué pero es así.
lunes, junio 27, 2005
Bella durmiente
Esta casa huele a menta, manzanilla, eucaliptus.
El viernes mi dueña llegó de la calle y ni fuerzas para levantarme. Me puse en dos patas y nada. Sólo me sonrió diciendo, bueno, bueno, Panchín, después. Y ese "después" no llegó. Se sumergió en un sopor de sueño y efluvios que salían de su boca y nariz. Ni siquiera dijo que no cuando me subí a su cama y me acomodé a su lado. Me abrazó fuerte temblando, como queriendo espantar alguna herida fuerte. Pero no había sangre. Sólo se olía una sudoración fuera de la común. Inspeccioné un poco la habitación: sus papeles, las carpetas apoyadas en el suelo, la ropa de trabajo. Todo parecía normal. El olor provenía de ella. Dormida.
El viernes mi dueña llegó de la calle y ni fuerzas para levantarme. Me puse en dos patas y nada. Sólo me sonrió diciendo, bueno, bueno, Panchín, después. Y ese "después" no llegó. Se sumergió en un sopor de sueño y efluvios que salían de su boca y nariz. Ni siquiera dijo que no cuando me subí a su cama y me acomodé a su lado. Me abrazó fuerte temblando, como queriendo espantar alguna herida fuerte. Pero no había sangre. Sólo se olía una sudoración fuera de la común. Inspeccioné un poco la habitación: sus papeles, las carpetas apoyadas en el suelo, la ropa de trabajo. Todo parecía normal. El olor provenía de ella. Dormida.
miércoles, junio 22, 2005
Pulgoso
¡Oh, me leen!
Ahora pondré más empeño en escribir mis historietas. Es toda una responsabilidad, che.
Por ahora sólo diré que en estos días me muero de frío. Y no hay peor pesadilla para un perro que la peluquería. Para colmo me agarré pulgas. Y ya sabemos lo que es eso: baños antipulgas, una gota horrible con olor a insecticida en el cuello (ya sé, mis detractores dirán ¿qué cuello tenés vos?) y que mis dueños no quieran hacerme mimitos. Y niditos de pulgas en la alfombra mezclado con el temor de un posible ataque demodéxico.
Soy un pobre paria, la verdad.
Menos mal que al solcito se me olvidan todos estos problemas y sueño que soy un perro cazador de nariz grandota y patas cortitas y rápidas.
En mi sueño atrapo cuanto pajarito se me cruza. Y mi dueña no grita horrorizada ¡que hacéeeees Paaaanchoooo! sino que me dice: "eso es mi buen Pancho, eso es".
Ahora pondré más empeño en escribir mis historietas. Es toda una responsabilidad, che.
Por ahora sólo diré que en estos días me muero de frío. Y no hay peor pesadilla para un perro que la peluquería. Para colmo me agarré pulgas. Y ya sabemos lo que es eso: baños antipulgas, una gota horrible con olor a insecticida en el cuello (ya sé, mis detractores dirán ¿qué cuello tenés vos?) y que mis dueños no quieran hacerme mimitos. Y niditos de pulgas en la alfombra mezclado con el temor de un posible ataque demodéxico.
Soy un pobre paria, la verdad.
Menos mal que al solcito se me olvidan todos estos problemas y sueño que soy un perro cazador de nariz grandota y patas cortitas y rápidas.
En mi sueño atrapo cuanto pajarito se me cruza. Y mi dueña no grita horrorizada ¡que hacéeeees Paaaanchoooo! sino que me dice: "eso es mi buen Pancho, eso es".
viernes, junio 17, 2005
¿Nadie me lee?
Estoy convencido de que nadie entra a esta página. Ni siquiera mi dueña. De modo que puedo hablar mal de todo el mundo y nadie se va a dar cuenta. No está mal aunque bueno, hablar mal de alguien en el caso de un perro como yo puede ser un poco aburrido. ¿Qué es lo que voy a decir? Mis broncas son pocas y muy bien infundadas. Así que:
¡A otro perro con ese hueso!
¡A otro perro con ese hueso!
martes, mayo 31, 2005
Si ella lo dice
Alguien por ahí ha dicho que soy muy feo y que con mi foto espanto a los posibles lectores de este blog. Pues bien, sepan que mi dueña me dice que soy hermoso por lo menos ciento cuatro veces por día.
Odisea del nombre II
La primera vez que los vi ya estaban juntos. Fue él quién me llevó envuelto en una remera rota a esa sala blanca inmaculada. Yo manchaba todo, me pusieran donde me pusieran. Dejaba una mancha oleosa en el piso. Y sangre. No era muy agradable que digamos. Ella me miraba con sus ojos enormes y me acariciaba la cabecita (que era lo único que me podían tocar sin asco).
¿Quién iba saber lo que me esperaba allí?
Yo pensaba, estos están locos, ¡me están sacando a pasear!¡ No les basta con que sea un freak en el porche de su casa, ahora quieren que me vea todo el barrio! Pero no, el objetivo era esa misma salita blanca y ¡chan! una aguja enorme y poco amigable ¡ouch! se clava en mi pobre carnecita.
Lo último que recuerdo fue la voz de ella diciéndome que yo era kreitton, es decir, el más valiente de todos. Está loca, me dije. Y me juré, antes de caer dormido por la anestecia, que si salía de ésa, jamás dejaría que me llamaran por ese nombre ridículo.
¿Quién iba saber lo que me esperaba allí?
Yo pensaba, estos están locos, ¡me están sacando a pasear!¡ No les basta con que sea un freak en el porche de su casa, ahora quieren que me vea todo el barrio! Pero no, el objetivo era esa misma salita blanca y ¡chan! una aguja enorme y poco amigable ¡ouch! se clava en mi pobre carnecita.
Lo último que recuerdo fue la voz de ella diciéndome que yo era kreitton, es decir, el más valiente de todos. Está loca, me dije. Y me juré, antes de caer dormido por la anestecia, que si salía de ésa, jamás dejaría que me llamaran por ese nombre ridículo.
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