Yo dije hace unos días que para qué necesitábamos hablar nosotros. Que con un par de ladridos todo se resuelve, ¿no?
Y Buffy vino y dijo que hablar no era lo mismo que escribir. Y no. No es lo mismo. Les voy a contar por qué.
Resulta que los señores padres Rossi se fueron a un casamiento al campo. Venado Tuerto se llama el lugar. Menos mal que no me llevaron con ellos. A qué tuerto como yo le gustaría ir a un lugar cuyo nombre lleva esa palabra.
Como los Rossi me dejaron solo,
Flor y el
Despeinado vinieron a darme de comer y a estar un rato conmigo. Pero trajeron a una
amiga que
escribe. Sí, como leyeron, escribe poemas. No les digo el embrollo que yo me hago con esta gente rara que trae mi dueña. Pero como ella también es medio rara no me queda más remedio que quererlos a todos y listo.
También vino
Lucho que siempre es tan bueno conmigo porque me hace jugar con el plato que es mi deporte favorito.
De pronto escuché una conversación que me hizo dudar de la cordura de mi dueña.
-¿Y si escribimos un cadáver?
-Dale, buenísimo.
-¡Oh, no!- ladré yo- ¡esta gente va a matar a alguien y luego escribirán sobre su cuerpo! ¡Y yo que los creía civilizados!
Y me fui esconder porque no es cuestión de que me usen a mí como experimento.
Pero no. No era sobre un
cadáver de verdad.
Era sobre una hoja de papel. Cada uno escribía una frase y luego doblaba el papel para que nadie viera lo que había escrito y se lo pasaba al otro para que escribiese otra frase. Al final se desdoblaba el papel y aparecía el
cadáver exquisito .
De exquisito igual no tenía nada porque yo lo lambeteé un poco y ni gusto tenía.
Les paso uno de los cadáveres que llegué a lambetear. Me parece que hasta se inspiraron en mí.
Ni lo más pancho de un chipá
extraterrestres yacen a la espera del árbol morado
Oh! yo quisiera no tener que mentir más: y comer pan
del árbol morado de futuro incierto.
Pecaminosos panaderos que no se atreven a la pintura
porque esta vida no alcanza.
¡Oh! ¡acrílicos! yo quisiera ser acrílico total
y no alcanza: incierto el camino de ser.
No, no alcanza. Es verdad. Es unilateral.
Hace falta más, más y más,
la constante es que falte, que haya hambre.
La sangre azul se lamenta de no ser roja
hambre de miga de cielo de lo más pancho
y el cuerpo no lastima el alma de no ver.
FIN
Bueno, sí, están locos. Pero yo los quiero igual.