Otra vez,
enfermísimo.Las pulgas hicieron de las suyas. Me rasqué. Me rasqué y me rasqué.
Soy un perro, qué voy a hacer. No puedo no rascarme. Como sea: punto de infección y, ay, baja inmunidad, pocas defensas, todo es un punto más para la
demodexia y un punto menos para mis días de salud.
Caray.
Caray.
¡Caray!
Parece que ya no aguanto los remedios. Mis dueños me han cuidado como han podido pero mi hígado va a estallar y todo lo que me dan por boca, hoy por hoy, lo vomito.
Mi veterinario ha dicho: "no existe en el mundo un perro de nueve años con demodexia juvenil
que esté vivo". Soy un caso único. Especial. Todo es ensayo, prueba y error. Durante años probaron con todo: ¡
hasta homeopatía!
Aún así, Gustavo, -es así como se llama el vet- me ha hecho una limpieza quirúrgica que duele como la madre que nos parió a todos. La demodexia se ha empecinado con mi cuello (no hagan chistes sobre mi cuello porque les aseguro que en este momento me duele). Me ha dado un protector hepático (sí, amigos, parezco un viejito, ahora me cuido el hígado), me ha dado una cremita
antitodo (léase antimicótico, antiinflamatorio, antibacteriano etc.) menos antidemodéxica que es justamente lo que yo necesitaría pero, para eso, amigos, no hay remedio eficaz. Y un antibiótico. La famosa pastilla de endectocida la tomaré
de por vida. Si es que ella no me destruye a mí primero. Lo mío es algo tan crónico que ya no sé si me voy a morir de demodexia o de los remedios contra ella. Ni vacunas me han podido dar por temor a que mi sistema inmune no lo resista.
Claro, ustedes preguntarán por qué no hay algo que mate al famoso ácaro. Todos convivimos con este ácaro. ¡Hasta los humanos! Todos, en alguna medida, vivimos "armoniosamente" con este ácaro. Pero sólo quienes tenemos las defensas bajas -por vaya a saber qué historial de vida- somos afectados por esta dolencia.
No es necesario que vuelva a explicar que al nacer me abandonaron, me dejaron librado a mi suerte, perdí un ojo, tuve una infección generalizada, estuve al borde de la muerte y me salvé por un pelito (el único pelito que me quedaba en el cuerpo).
Y aún así, amigos, a pesar de estar todo reventado por dentro (y por fuera porque les aseguro que mi aspecto no es de lo más lindo en este momento) me queda ánimos para escribir un poco.
Todo sea por mis Rossis.
En estos momentos no me gusta esto de ser único y especial en el mundo. Esto de ser viejo y tener un enfermedad de pendejo. Me gustaría ser un pequinés como todos los demás pequineses que tienen dos ojos, piel lustrosa y aire de reyes. ¿Qué aire de rey voy a tener yo?
Yo, hoy por hoy, me siento un mendigo. Un estropajo viviente.
Hasta mis dueños me miran con lástima.
Basta, eh.
Se acabó.
Yo digo que se acabó.
Me bajo de este teclado y me voy al parquecito.
A ver si hoy tengo suerte con algún pajarito.