miércoles, junio 29, 2005

Reflexiones

En la calle aprendí lo riesgoso que era todo.
Había perros demasiado grandes buscando comida y gatos con uñas muy afiladas. A mí las patas que tengo no me sirven para casi nada salvo para ser simpático. Por eso odio a los perros grandes ( sin ánimos de ofender, Rufus, con vos no es la cosa, amigo). Pero lo cierto es que la pasé tan fiero que cuando veo a un grandulón me le tiro al humo enseguida. Mi dueña me dice que soy un inconsiente y puede que tenga razón. Soy pequeño pero tengo carácter. De no haber tenido carácter ahora no estaría vivo. Fue ese carácter el que me salvó de la calle y de la muerte. Y el que hizo que se me perdiera mi bonito ojo.
La historia del ojo nunca la cuento. Hay mucha gente fácilmente impresionable rondando en la internet.
También en la calle aprendí de hembras. Y al que diga que no que lo parta un rayo. Todas valen. Aún para nosotros los más pequeños. Nunca subestimen a un pequinés. Nunca (no sé si me explico).

Ahora me voy a comer mi ración del día.

P.D: Ah, Juliana Perrolis, me dejaste enamoradísimo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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