viernes, mayo 11, 2007

Otoño

Ya estoy viejo.
Tengo mi barba blanca y duermo frente a la estufa. Casi no me muevo.
Mi dueña me levanta para hacerme mimitos y me duelen las patas de adelante. ¡Con lo que me gusta que me levante! Siempre estoy al borde de morderla pero se me pasa enseguida cuando me aprieta contra su pecho y me da besitos en el hocico.
Ayer me hizo masajitos en las articulaciones.
Y yo ronroneaba.
¿Pueden creerlo?
Me estoy transformando en uno de esos gatos gordos que duermen al calorcito.
La vejez es una cosa terrible, amigos.
Me voy a comer mi carne picada.

4 comentarios:

Brocco dijo...

Ay madre, que te transformes en gato pelúo tiene delito! Algo habrás comido por ahí, algo del suelo y mira ahora, quién te va a respetar así :P

Verdi el perro dijo...

a quien se lo contas ein, que tengo que subir dos pisos sin ascensor como minimo 3 veces al dia..
pancho.. el tiempo no perdona a nadie..
patita colega

Girasol dijo...

hay dios mio por que se quejan, hay que vivir la vida, claro con sus limitaciones.

Pola dijo...

Y yo que estoy esperando que mi perrito se vuelva un poquitito asi de viejo para que deje de saltar las 24hs del dia...