Yo les avisé que mi vida era medio complicada, ¿verdad?
Verán, yo no puedo irme de paseo como Verdi, ni visitar lugares exóticos como Buffy, ni tener una linda hembrita como Rufus, ni procrear. ¿Y saben por qué? Pues tengo el sistema inmune deprimido. Parece que nací así, desde siempre, fallado (lo del ojo es otra historia, eso me lo busqué yo solito, jeje).
La demodexia, mis amigos, es una especie de sarna que comenzó cuando yo era muy pequeño. Parece que en realidad todos la tenemos pero sabemos defendernos de ella. Lamentablemente no es mi caso. Yo -literalmente hablando- casi me muero de esta sarna. No voy a dar detalles porque no quiero asustar a ningún lector mío pero sepan que fue muy mortificante. Para que entiendan lo grave de la situación, según mi veterinario, muchos dueños llegan a sacrificar al perro si llega a tales condiciones.
Pues a mí no me sacrificaron.
La enfermedad nunca se fue del todo aunque, gracias a distintos tratamientos y cuidados, nunca volví a tener el estado alarmante de la primera vez. Está latente en mí ya que esos bichitos viven en mi piel y cuando me agarran con las defensas bajas, ¡zaz! me aparece un agujero de pelo en alguna parte del cuerpo, o bien, en las patas, o bien, en la cara.
Ya mis dueños me conocen y saben.
Si me ven lamiéndome mucho enseguida me revisan, nunca me dejan el pelo muy largo (¡con lo lindo que me queda! ), y además está ese olor tan característico de la enfermedad que aunque no haya aún ningún rastro en la piel sabemos que la demodexia ha vuelto a poner sus garras en mí. Y una vez que logra ingresar en mí yo ya no puedo defenderme.
Intentaron de todo: ungüentos, pastillas, hasta un tratamiento homeopático para levantar defensas. Todo duró un período de tiempo hasta que venía la siguiente recaída.
Ahora ya saben que es así.
Que yo soy un demodéxico de por vida y ¡paciencia!
Por suerte nunca volví a tener la piel en carne viva y ahora con el tiempo se me ha vuelto mucho más leve. Una cosita de nada. Pero debo cuidarme. No puedo salir a pasear en lugares muy públicos pues la calle está llena de peligros y yo soy alérgico a todo (ahora entienden mi odio a los gatos y sus pulgas pues mis recaídas se deben muchas veces al contagio de pulgas). Algo que para cualquier perro puede ser un simple rasguño en la piel para mí es simplemente un portal abierto para la demodexia. No puedo procrear pues mi sistema inmune de porquería se hereda y yo no quiero que ningún hijo mío sufra de esta horrible pesadilla.
Y ya basta de hablar de cosas tan tristes.
lunes, noviembre 07, 2005
Malos días
Ayer vinieron unos tipos muy sucios a armar despiole en el jardín. No entiendo a los humanos, yo les pongo cara de pocos amigos y ellos vienen igual diciendo "cuchi cuchi" y todo eso. ¿Es que no entienden que ellos son los extraños y que yo estoy cuidando la casa? Se pusieron a hacer un ruido muy molesto ahí justo adentro del estanque vacío. Me espantaron todos los pajaritos, por supuesto, y para rematar ¡tengo otra vez demodexia!
Ayer, definitivamente, no fue un buen día.
Ayer, definitivamente, no fue un buen día.
martes, noviembre 01, 2005
Analfabeto
He destrozado pocas cosas en esta casa. La mayor explicación se debe a que el destrozado era yo (mi maldita demodexia, la historia del ojo y otras complicaciones) y debía curarme. Además los pequineses estamos para otra cosa. No nos interesa eso de andar mordisqueando las medias sucias del señor ni las flores del jardín de la señora (aunque para romper flores estaba la princesa collie de la cual ya les hablé en posts anteriores).
Es cierto que nosotros "larveamos"-como diría Toro, el dueño de Juliana- como cualquier otro perro de clase media (porque los perros de clase alta están siempre al borde del surmenage) pero cuando nosotros "larveamos" lo hacemos con una dignidad seria, una majestuosidad serena y hasta envidiable.
Pero sí. Alguna vez he dejado salir mi espíritu destrozón.
Una vez.
Y no tuve mejor idea que hacerlo con un libro que habían dejado sobre la mesita ratona (Sepan, ustedes, lectores humanos que nunca deben dejar cosas curiosas al alcance de nosotros, los perros).
El librito era muy simpático. Tenía un olor raro, como de viejo, estaba algo amarillo y tenía las puntas dobladas. Y ella lo había estado mirando por largo tiempo acostada en el sofá. Sí, aqui viene el dato importante: sépanlo, ella adora los libros.
No sé bien por qué.
No se pueden comer,
no se pueden morder,
no se puede jugar con ellos.
Algo deben tener pues el efecto que produce sobre los humanos es claramente hipnótico.
Bueno, en fin, lo habían dejado allí: a mi alcance.
¿Qué podía hacer?
Me subí arriba de la mesa (era una mesa ratona) y lo miré fijamente durante un buen rato. Pero nada pasó. Luego acerqué mi hocico para husmearlo bien (ya saben , a los perros el mundo nos entra por la nariz) pero lo único que sucedió fue que estornudé como cuatro veces. Lo lamí pero el contacto era áspero y el gusto, puaj, asqueroso. Lo intenté abrir con una pata pero no lo conseguí. Intenté abrirlo con la boca pero mis dientes se clavaron sobre la tapa y rasgaron una de las puntas.
Desesperante, ¿no?
Pasé un buen rato intentando abrirlo pero quedé estupefacto ante un millar de cagaditas de mosca (después me explicaron que eso eran letras). Por más que lo intenté no logré descifrarlo. Descubrí que no soy un buen investigador y encima, para colmo, la impaciencia me puede. Ante esas cagaditas me enfurecí. Y ya saben ustedes qué pasa cuando un pequinés se enfurece.
Lo lamento tanto, Florcita.
Yo no sabía que las Rubaiatas de Omar Khayyám podían ser tan importantes.
Es cierto que nosotros "larveamos"-como diría Toro, el dueño de Juliana- como cualquier otro perro de clase media (porque los perros de clase alta están siempre al borde del surmenage) pero cuando nosotros "larveamos" lo hacemos con una dignidad seria, una majestuosidad serena y hasta envidiable.
Pero sí. Alguna vez he dejado salir mi espíritu destrozón.
Una vez.
Y no tuve mejor idea que hacerlo con un libro que habían dejado sobre la mesita ratona (Sepan, ustedes, lectores humanos que nunca deben dejar cosas curiosas al alcance de nosotros, los perros).
El librito era muy simpático. Tenía un olor raro, como de viejo, estaba algo amarillo y tenía las puntas dobladas. Y ella lo había estado mirando por largo tiempo acostada en el sofá. Sí, aqui viene el dato importante: sépanlo, ella adora los libros.
No sé bien por qué.
No se pueden comer,
no se pueden morder,
no se puede jugar con ellos.
Algo deben tener pues el efecto que produce sobre los humanos es claramente hipnótico.
Bueno, en fin, lo habían dejado allí: a mi alcance.
¿Qué podía hacer?
Me subí arriba de la mesa (era una mesa ratona) y lo miré fijamente durante un buen rato. Pero nada pasó. Luego acerqué mi hocico para husmearlo bien (ya saben , a los perros el mundo nos entra por la nariz) pero lo único que sucedió fue que estornudé como cuatro veces. Lo lamí pero el contacto era áspero y el gusto, puaj, asqueroso. Lo intenté abrir con una pata pero no lo conseguí. Intenté abrirlo con la boca pero mis dientes se clavaron sobre la tapa y rasgaron una de las puntas.
Desesperante, ¿no?
Pasé un buen rato intentando abrirlo pero quedé estupefacto ante un millar de cagaditas de mosca (después me explicaron que eso eran letras). Por más que lo intenté no logré descifrarlo. Descubrí que no soy un buen investigador y encima, para colmo, la impaciencia me puede. Ante esas cagaditas me enfurecí. Y ya saben ustedes qué pasa cuando un pequinés se enfurece.
Lo lamento tanto, Florcita.
Yo no sabía que las Rubaiatas de Omar Khayyám podían ser tan importantes.
viernes, octubre 28, 2005
Las mujeres y yo
Una hembrita muy bonita me ha escrito en los últimos comentarios que soy muy simpático. ¡Simpático! ¿Simpático, yo? Yo soy un cascarrabias de novela. Un insoportable. Un reventado. Un despótico. Un tirano.
Pero, bella Camila, si vos lo decís, algo de razón habrá,¿no?
Aaaaaaaah, las mujeres....
Pero, bella Camila, si vos lo decís, algo de razón habrá,¿no?
Aaaaaaaah, las mujeres....
lunes, octubre 24, 2005
Cívico
¡¡Yo también quiero votar!!
¡Claro que sí!
No se vayan y me dejen solo cavilando mis insatisfacciones, ¡malditos!
¿Pero cómo?
¿Qué me dicen?
¿Sólo es para humanos?
¿Acaso nosotros los perros no somos civiles?
¿Que necesito de un DNI?
¡¡Yo soy Pancho, carajo, no necesito de ningún DNI!!
¡¡Yo también quiero votar!! Me han dicho que hay un candidato al que le llaman bulldog. Me gustan los bulldogs. Me gustan mucho. Tienen cara de malos pero son más buenos que el pan. Además un pariente mío brasileño era bulldog y mi dueña siempre me decía que yo era igual pero en versión pequeñita y con más pelo.
Pero no. No hay caso. No estoy en eso que llaman "padrón". Además el despeinado no está de acuerdo con las ideas del bulldog. Me convenció diciéndome que al bulldog este no le gustan los tuertos.
Buah.
¡Claro que sí!
No se vayan y me dejen solo cavilando mis insatisfacciones, ¡malditos!
¿Pero cómo?
¿Qué me dicen?
¿Sólo es para humanos?
¿Acaso nosotros los perros no somos civiles?
¿Que necesito de un DNI?
¡¡Yo soy Pancho, carajo, no necesito de ningún DNI!!
¡¡Yo también quiero votar!! Me han dicho que hay un candidato al que le llaman bulldog. Me gustan los bulldogs. Me gustan mucho. Tienen cara de malos pero son más buenos que el pan. Además un pariente mío brasileño era bulldog y mi dueña siempre me decía que yo era igual pero en versión pequeñita y con más pelo.
Pero no. No hay caso. No estoy en eso que llaman "padrón". Además el despeinado no está de acuerdo con las ideas del bulldog. Me convenció diciéndome que al bulldog este no le gustan los tuertos.
Buah.
domingo, octubre 16, 2005
Madre hay una sola
Ustedes, mis amigos, quizás no sepan lo que significa comerse un buen asado a las brasas. Lo mejor es la tira porque tiene huesito aunque el vacío es tiernísimo pues siempre lo compran de ternera y la carne pareciera una manteca que se escurre entre los dientes. Un manjar. Hoy en el día de la madre se reunieron todos los Rossi en alegre comilona y "disfrutamos" a lo grande. Se relamieron un buen rato hasta que me dieron mi parte de huesitos y yo me fui a revolcarme con ellos en el pasto. Ya sé que me engraso todos los bigotes pero ¡vale la pena!
Una novedad intrigante: el despeinado está irreconocible. ¡¡Se ha cortado el pelo y de despeinado ya no tiene nada!!
Y ahora me voy por los restos del postre.
Y no pongo foto nueva que ya se me empiezan a notar los rollitos, jeje.
¡Glup!
Una novedad intrigante: el despeinado está irreconocible. ¡¡Se ha cortado el pelo y de despeinado ya no tiene nada!!
Y ahora me voy por los restos del postre.
Y no pongo foto nueva que ya se me empiezan a notar los rollitos, jeje.
¡Glup!
jueves, octubre 13, 2005
No soy rata, soy perro
Me hice la rata, sí.
Pero no me disfracé de rata. Por la península ibérica existe algo sobre los novillos y las pellas, no lo sé. Pregúntenle al peque que para eso es lo más. Yo, por si acaso, continúo ladrando en mi dialecto rioplatense.
Por aquí ya salió el solcito. Hay una primavera que no se imaginan. Una maravilla. Mis pelos y uñas continúan creciendo y las pulgas...empezaron ya a molestar. A estos gatos del barrio los odio con toda el alma. ¡¡¡Me pasan sus maditas pulgas!!! ¡¡¡A mí, que soy EL EMPERADOR!!!
Bueh.
Ya me empecé a sulfurar de nuevo y después andan diciendo por ahí que soy un gruñón.
O un gruñosito, como le dicen a "uno" que mi dueña conoce.
(Hans, ni se te ocurra comprar un perro para patearlo pues sino te la verás con toda nuestra banda, eh).
P.D: ¡Cada vez somos más! He agregado a la lista de blogs perrunos a Maggie, una diosa de patas blancas, Blas, un caniche muy simpático y Norman, un labradorcito cachorro (¡despeinados abstenerse de leer está página).
Pero no me disfracé de rata. Por la península ibérica existe algo sobre los novillos y las pellas, no lo sé. Pregúntenle al peque que para eso es lo más. Yo, por si acaso, continúo ladrando en mi dialecto rioplatense.
Por aquí ya salió el solcito. Hay una primavera que no se imaginan. Una maravilla. Mis pelos y uñas continúan creciendo y las pulgas...empezaron ya a molestar. A estos gatos del barrio los odio con toda el alma. ¡¡¡Me pasan sus maditas pulgas!!! ¡¡¡A mí, que soy EL EMPERADOR!!!
Bueh.
Ya me empecé a sulfurar de nuevo y después andan diciendo por ahí que soy un gruñón.
O un gruñosito, como le dicen a "uno" que mi dueña conoce.
(Hans, ni se te ocurra comprar un perro para patearlo pues sino te la verás con toda nuestra banda, eh).
P.D: ¡Cada vez somos más! He agregado a la lista de blogs perrunos a Maggie, una diosa de patas blancas, Blas, un caniche muy simpático y Norman, un labradorcito cachorro (¡despeinados abstenerse de leer está página).
lunes, octubre 03, 2005
Cazadores
Un día de estos ¡zaz!
¡zaz!
¡zaz! y...
¡zaz!
Pero no. Estos pajaritos vuelan muy rápido. Nunca conseguiré atrapar uno. Igual es como un juego. Tengo que hacerme el malo. Esas son las reglas. Ellos ya lo saben y se burlan de mis patitas cortas. Aaaaah, pero si estuvieran frente a un verdadero perro de caza ¡¡¡ya verían!!!
Igual yo soy un perro emperador. Yo no cazo. Mando a cazar a los otros, mis súbditos.
(¿de dónde vendrá la carne que me dan todas las tardes?)
Je.
¡zaz!
¡zaz! y...
¡zaz!
Pero no. Estos pajaritos vuelan muy rápido. Nunca conseguiré atrapar uno. Igual es como un juego. Tengo que hacerme el malo. Esas son las reglas. Ellos ya lo saben y se burlan de mis patitas cortas. Aaaaah, pero si estuvieran frente a un verdadero perro de caza ¡¡¡ya verían!!!
Igual yo soy un perro emperador. Yo no cazo. Mando a cazar a los otros, mis súbditos.
(¿de dónde vendrá la carne que me dan todas las tardes?)
Je.
viernes, septiembre 30, 2005
domingo, septiembre 25, 2005
El festín
Papá Rossi está de viaje. Eso significa que ya no estoy hecho un tonelcito. Ya no tengo quien me dé galletitas ni bocaditos de su propio plato por debajo de la mesa. Ahora me dan sólo esos palitos que están hechos de no se qué pero que me han creado una adicción inexplicable. Pero sucedió una buena: se acabó el arroz y eso significa... ¡¡doble ración de carne para hoy!!
jueves, septiembre 22, 2005
Altos
Lucho es el Rossi más chico.
Cuando Lucho se levanta a la mañana casi nunca me registra. Yo soy como una alfombra. Pero no es con mala intención. A veces del sueño que tiene, confunde a su madre con una lámpara de pie.
Tampoco "eso" es con mala intención.
Nosotros nos entendemos. Un gruñido suyo equivale a un "buen día". De modo que la mañana de los Rossi se llena de gruñidos y bufidos mezclados con bostezos y la pavita del mate hirviendo en el fuego. Me abre la puerta y ahí salgo yo a hacer mis necesidades y a corretear un rato por el jardín. El problema es cuando tengo que volver a entrar pues nunca se acuerda de dejar la puerta abierta y yo soy un poco chiquito para darme maña y abrirla por mí mismo.
Mamá Rossi -que es chiquita también- se queja de que el mundo es de los altos. Siempre le duelen la cintura y los brazos.
Yo la entiendo. La miro con mi único ojo resignado y le perdono cada vez que me pisa cuando paso cerca suyo.
Ya lo dijo ella: el mundo es de lo altos.
Cuando Lucho se levanta a la mañana casi nunca me registra. Yo soy como una alfombra. Pero no es con mala intención. A veces del sueño que tiene, confunde a su madre con una lámpara de pie.
Tampoco "eso" es con mala intención.
Nosotros nos entendemos. Un gruñido suyo equivale a un "buen día". De modo que la mañana de los Rossi se llena de gruñidos y bufidos mezclados con bostezos y la pavita del mate hirviendo en el fuego. Me abre la puerta y ahí salgo yo a hacer mis necesidades y a corretear un rato por el jardín. El problema es cuando tengo que volver a entrar pues nunca se acuerda de dejar la puerta abierta y yo soy un poco chiquito para darme maña y abrirla por mí mismo.
Mamá Rossi -que es chiquita también- se queja de que el mundo es de los altos. Siempre le duelen la cintura y los brazos.
Yo la entiendo. La miro con mi único ojo resignado y le perdono cada vez que me pisa cuando paso cerca suyo.
Ya lo dijo ella: el mundo es de lo altos.
martes, septiembre 13, 2005
Para Buffy y Verdi
Ya va siendo hora de que aclare mi situación familiar porque ya esto es una ensalada que ni yo mismo entiendo. En realidad yo soy un perro muy afortunado pues tengo varios dueños y todos ellos son los Rossi que son una familia única y muy singular. Cada integrante tiene una cualidad que me gusta y disfruto. Yo siempre hablo de "ella" porque fue "ella" junto con el Rossi más pequeño y el despeinado los que me abrieron la puerta de la casa Rossi. El despeinado no es un Rossi pero es como si lo fuera y vive con "ella" desde hace tres años en un departamentito minúsculo en Capital Federal "no apto para perros" (snif). Yo le digo despeinado porque aunque ponga gran empeño en peinarse nunca logra aplacar su eterna melena. Es un tipo simpático y mi dueña lo adora. Fue él quien me llevó en brazos a la clínica del veterinario hace cinco años, todo ensangrentado, sucio de brea y con el ojo colgando (¡ay!, lo dije, perdón). Ella se fue con él hace tres años y siempre dicen que van a llevarme con ellos pero yo ya no les creo. La verdad es que los entiendo. Esta casa es como un hotel cinco estrellas. Tengo todo lo que quiero y al instante. Mudarme al departamentito de Belgrano hubiera sido morirme: solo todo el día, encerrado entre cuatro paredes sin poder jugar con los gatos ni corretear a los pajaritos que vienen a bañarse al estanque. Sin hablar de los mimos de Mamá y Papá Rossi y esos bocaditos tan ricos que me pasan por abajo de la mesa. Y cuando me enfermo (que es algo bastante común en mí) es Mamá Rossi la que me da esa pastilla horrible envuelta en un pedazo de carne o de queso. Y yo me la como y le hago creer que me engañó aunque, claro, yo sé que la carne tiene un gusto raro. Y después está María que tampoco es una Rossi pero todos la quieren como si fuera de la familia. Y es María la que me baña con ese shampoo antipulgas y me seca con un secador de pelo que me hace cosquillitas en el cuello.
Pero lo que yo extraño de "ella" son esos cariñitos que me hace "como nadie" y tiene una manera de hablarme que impresiona pues ella y ningún otro ser humano sabe ladrar como sabemos hacerlo nosotros, los perros. Y a veces Mamá Rossi le dice que pare de ladrar así, que hable como un ser normal, pero ella le responde muy tranquila "no ves que estoy hablando con Pancho, che".
Yo creo que si ella tuviera una casa con espacio para mí me llevaría con ella. Aunque el despeinado diga que él quiere un labrador. Yo no seré labrador pero tengo estilo y ya lo dijo una lectora mía en este blog: mi ojo pirata me da un aire encantador.
Ya les hablaré mejor de cada integrante de la familia. Ahora me voy a jugar pues "ella" ha venido de visita con su despeinado y ya anda hablando a los gritos con Mamá Rossi y ayudando a preparar la cena. Nunca quiero perderme este momento pues siempre ligo algún bocadito de algo que están preparando en esa cocina.
¡Adiós, amigos!
Pero lo que yo extraño de "ella" son esos cariñitos que me hace "como nadie" y tiene una manera de hablarme que impresiona pues ella y ningún otro ser humano sabe ladrar como sabemos hacerlo nosotros, los perros. Y a veces Mamá Rossi le dice que pare de ladrar así, que hable como un ser normal, pero ella le responde muy tranquila "no ves que estoy hablando con Pancho, che".
Yo creo que si ella tuviera una casa con espacio para mí me llevaría con ella. Aunque el despeinado diga que él quiere un labrador. Yo no seré labrador pero tengo estilo y ya lo dijo una lectora mía en este blog: mi ojo pirata me da un aire encantador.
Ya les hablaré mejor de cada integrante de la familia. Ahora me voy a jugar pues "ella" ha venido de visita con su despeinado y ya anda hablando a los gritos con Mamá Rossi y ayudando a preparar la cena. Nunca quiero perderme este momento pues siempre ligo algún bocadito de algo que están preparando en esa cocina.
¡Adiós, amigos!
Imposibles
El despeinado es un buen chico. Sólo que le gustaría que yo fuese un labrador. Y eso, mi amigos, es un imposible.
lunes, septiembre 12, 2005
Pequinegos
Tuvimos una charla el despeinado y yo. Entre largas cavilaciones me hizo entender algunos puntos que él "cree" importantes:
Primero: que él no es ningún despeinado (jejejeje, por favoooor).
Segundo: que él no ha raptado a mi dueña (¿Ah, no? ¡¡Madita guacha, vení a verme, entonces!!)
Tercera: que soy un pequinés de lo más egocéntrico (eeeeh, bueno).
¡Uf!, qué tipo insoportable.
De todas maneras, pensándolo bien, en la tercera tiene razón. La verdad es esa porque ¿en qué otra cosa me podría ocupar que valiera la pena?
Primero: que él no es ningún despeinado (jejejeje, por favoooor).
Segundo: que él no ha raptado a mi dueña (¿Ah, no? ¡¡Madita guacha, vení a verme, entonces!!)
Tercera: que soy un pequinés de lo más egocéntrico (eeeeh, bueno).
¡Uf!, qué tipo insoportable.
De todas maneras, pensándolo bien, en la tercera tiene razón. La verdad es esa porque ¿en qué otra cosa me podría ocupar que valiera la pena?
miércoles, septiembre 07, 2005
Saudades
¿Qué hay que hacer para que vuelvas?
PARA MÍ QUE EL DESPEINADO LA RAPTÓ.
Si leés este blog, florcita, volvé pronto que te extraño.
PARA MÍ QUE EL DESPEINADO LA RAPTÓ.
Si leés este blog, florcita, volvé pronto que te extraño.
martes, agosto 30, 2005
Se dice de mí
Diálogos que escuché por ahí sobre mí:
-¡Pero Pon* es un tirano terrible!
-Sí, es un tirano. Un tirano adorable.
(Jeje, no me hagan reir que me duele la panza).
*Pon es mi nombre abreviado. No busquen lógica en esto, por favor.
-¡Pero Pon* es un tirano terrible!
-Sí, es un tirano. Un tirano adorable.
(Jeje, no me hagan reir que me duele la panza).
*Pon es mi nombre abreviado. No busquen lógica en esto, por favor.
juguetes
Digo yo,
¿quién cuernos diseña los juguetitos para nosotros?
Yo entiendo la buena voluntad de alguna gente pero...¿a quién se le puede ocurrir que un pedazo de goma con forma de hamburguesa puede tener algún tipo de atractivo perruno? ¿No entienden que a nosotros las cosas del mundo nos entra por la nariz y no por los ojos?
Máxima primera: si la hamburguesa huele a goma no es una hamburguesa.
Máxima dos: una hamburguesa no hace ruido cada vez que se la aprieta con la pata.
Máxima tres: ¿no era que no se jugaba con la comida?
Bueno, como sea.
Ese juguetito pierde su tiempo conmigo.
¿quién cuernos diseña los juguetitos para nosotros?
Yo entiendo la buena voluntad de alguna gente pero...¿a quién se le puede ocurrir que un pedazo de goma con forma de hamburguesa puede tener algún tipo de atractivo perruno? ¿No entienden que a nosotros las cosas del mundo nos entra por la nariz y no por los ojos?
Máxima primera: si la hamburguesa huele a goma no es una hamburguesa.
Máxima dos: una hamburguesa no hace ruido cada vez que se la aprieta con la pata.
Máxima tres: ¿no era que no se jugaba con la comida?
Bueno, como sea.
Ese juguetito pierde su tiempo conmigo.
lunes, agosto 22, 2005
Gloria total
El dueño de Anita nos trajo licor Tía María para festejar el reencuentro con su San Bernardo. Así da gusto devolver perros perdidos, je.
Bueno, amigos, ¡salud!
¡Glup!
Bueno, amigos, ¡salud!
¡Glup!
lunes, agosto 15, 2005
Anita
He tenido unos días agitadísimos. Y todo porque una San Bernardo se escapó una noche de sábado con un celo terrible.
Ya sé, no me lo digan, soy un celoso de porquería. Debería aprender de Peludo que anda ahí con su Cano a cuestas.
Pero es más fuerte que yo. No puedo. No sé compartir mi espacio. ¡¡Y menos con una San Bernardo enoooorrrrmeeee!! Su pata es más o menos mi tamaño. Y si vieran las tortas que nos dejó en la puerta de calle. ¡Uf! Sólo a mi dueña se le puede ocurrir aparecer con un perro de tamaña magnitud esperando que yo lo acepte. Pero no hubo nada que hacer pues allí estaba, husmeando en el jardín. No la culpo, yo hice lo mismo hace cinco años (ver primeros posts de este blog). Pero yo lo hice primero. Yo. ¿Quién se cree ella?
Fue una carrera contra el tiempo. La encontraron mi dueña y el despeinado cuando salían de la casa. Ahí nomás trataron de ver si tenía alguna medallita con alguna dirección. Pero no tenía nada, sólo un pequeño collar. Ni señales de quiénes eran sus dueños. ¿Por qué no nos ponen medallitas a todos, eh? Así sería mucho más fácil encontrar al dueño, saber cómo se llama el perro...
La perra esta estaba alzadísima. Dios mío, se la olía de lejos y le levantaba la cola a cualquiera. Hasta yo me puse un poco, bueno, ya saben. Pero se me fue enseguida, eh. La furia y el miedo de que se quedara estaba primero.
Luego de dar varias vueltas y dejar el teléfono en un kiosco y en la garita de vigilancia la pusieron a dormir en el jardincito de adelante que ahora tiene rejas altas.
No les puedo explicar la impotencia. El único ojo que tengo se me quería saltar de la órbita.
Mi dueña me explicó que la perrita (¿¿la perrita ese cacho de mastodonte??) estaba perdida y que no podíamos dejarla en la calle porque además estaba en celo. Y que mañana o pasado encontraríamos al dueño (¿¿cómo alguien puede perder un San Bernardo??).
Bueh.
Al final tenían razón. El domingo el dueño de "Anita" (sí, se llamaba Anita) se contactó con nosotros y vino enseguida a buscarla. El reencuentro fue increíble. Anita parecía una cachorra de lo feliz que estaba.
Y, claro, yo también me puse feliz. Cada uno por razones diferentes.
Je.
Ya sé, no me lo digan, soy un celoso de porquería. Debería aprender de Peludo que anda ahí con su Cano a cuestas.
Pero es más fuerte que yo. No puedo. No sé compartir mi espacio. ¡¡Y menos con una San Bernardo enoooorrrrmeeee!! Su pata es más o menos mi tamaño. Y si vieran las tortas que nos dejó en la puerta de calle. ¡Uf! Sólo a mi dueña se le puede ocurrir aparecer con un perro de tamaña magnitud esperando que yo lo acepte. Pero no hubo nada que hacer pues allí estaba, husmeando en el jardín. No la culpo, yo hice lo mismo hace cinco años (ver primeros posts de este blog). Pero yo lo hice primero. Yo. ¿Quién se cree ella?
Fue una carrera contra el tiempo. La encontraron mi dueña y el despeinado cuando salían de la casa. Ahí nomás trataron de ver si tenía alguna medallita con alguna dirección. Pero no tenía nada, sólo un pequeño collar. Ni señales de quiénes eran sus dueños. ¿Por qué no nos ponen medallitas a todos, eh? Así sería mucho más fácil encontrar al dueño, saber cómo se llama el perro...
La perra esta estaba alzadísima. Dios mío, se la olía de lejos y le levantaba la cola a cualquiera. Hasta yo me puse un poco, bueno, ya saben. Pero se me fue enseguida, eh. La furia y el miedo de que se quedara estaba primero.
Luego de dar varias vueltas y dejar el teléfono en un kiosco y en la garita de vigilancia la pusieron a dormir en el jardincito de adelante que ahora tiene rejas altas.
No les puedo explicar la impotencia. El único ojo que tengo se me quería saltar de la órbita.
Mi dueña me explicó que la perrita (¿¿la perrita ese cacho de mastodonte??) estaba perdida y que no podíamos dejarla en la calle porque además estaba en celo. Y que mañana o pasado encontraríamos al dueño (¿¿cómo alguien puede perder un San Bernardo??).
Bueh.
Al final tenían razón. El domingo el dueño de "Anita" (sí, se llamaba Anita) se contactó con nosotros y vino enseguida a buscarla. El reencuentro fue increíble. Anita parecía una cachorra de lo feliz que estaba.
Y, claro, yo también me puse feliz. Cada uno por razones diferentes.
Je.
lunes, agosto 08, 2005
Seres pequeños
Hubo mucha fiesta este mes.
Y mucha gente.
Siempre que viene gente me pongo nervioso. No sé qué sensor se me dispara y ¡zaz! empiezo a ladrar y a poner cara de pocos amigos a todos los que vienen. Es que muchos de ellos son maleducados y ni me registran, cosa que me pone de peor humor. ¿Cómo es que no pueden saludarme al menos? Nadie dice que tienen que levantarme en brazos como lo hace ella y cubrirme de besos. No pido eso. Simplemente ser tomado en cuenta. Esta gente no entiende nada y juega con mi autoestima como en un subibaja.
Para colmo en estas reuniones proliferan estos seres que son humanos pero más chiquitos. Aún no hablan. De hecho, creo que yo me hago entender mejor que muchos de ellos. Estos seres pequeños vienen y acaparan toda la atención. Pegan unos berridos insoportables que si yo los hiciera me pondrían de patitas en la calle (bah, en el patio). Pero con estos seres no. A estos los acunan, los miman, los calman. Nunca pero nunca se enojan con ellos.
¡Agh!
Y mucha gente.
Siempre que viene gente me pongo nervioso. No sé qué sensor se me dispara y ¡zaz! empiezo a ladrar y a poner cara de pocos amigos a todos los que vienen. Es que muchos de ellos son maleducados y ni me registran, cosa que me pone de peor humor. ¿Cómo es que no pueden saludarme al menos? Nadie dice que tienen que levantarme en brazos como lo hace ella y cubrirme de besos. No pido eso. Simplemente ser tomado en cuenta. Esta gente no entiende nada y juega con mi autoestima como en un subibaja.
Para colmo en estas reuniones proliferan estos seres que son humanos pero más chiquitos. Aún no hablan. De hecho, creo que yo me hago entender mejor que muchos de ellos. Estos seres pequeños vienen y acaparan toda la atención. Pegan unos berridos insoportables que si yo los hiciera me pondrían de patitas en la calle (bah, en el patio). Pero con estos seres no. A estos los acunan, los miman, los calman. Nunca pero nunca se enojan con ellos.
¡Agh!
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