Y sí.
Tuvieron que ayudarme. No hubo manera.
Tampoco podían enojarse conmigo. ¿Cómo iba yo a saber que mi cabeza podía pasar por los barrotes de esa reja pero no mi cuerpo? Error de cálculo, che.
Lo más extraño fue que mi cabeza pasó hacia adelante pero cuando la quise sacar hacia atrás se quedó varada ahí.
Un gracioso dijo: ¿y si en vez de cortar la reja le cortamos la cabeza?
Muy chistoso.
martes, julio 19, 2005
viernes, julio 15, 2005
Travesura
Así y así y ahora así. No, no, así y así...no...¿Era así?
¿Cómo era?
(Voz en off)
PANCHOOOOOOO, ¿¿¿¿¿¿QUÉ HICISTE????????
uy, se dieron cuenta.
¡Ay!
¿Cómo era?
(Voz en off)
PANCHOOOOOOO, ¿¿¿¿¿¿QUÉ HICISTE????????
uy, se dieron cuenta.
¡Ay!
jueves, julio 14, 2005
Tareas perrunas
Las pelotitas me gustan hasta cierto punto pues con mi boca es difícil maniobrar algo redondo y grandote. A veces los niños del jardín de al lado dejan caer sus pelotitas de tenis y luego cuando vienen a reclamarlas no hay nada para devolver (¿dónde está la pelotita?) salvo un estropajo mugriento (obra de mis dientitos, claro está). Cuando era un cachorro destrozaba más cosas pero ahora estoy cansado. Corretear está bien pero me gusta más relajarme y dormir. Una vez que uno descubre algunas canas en su nariz y lomo empieza por buscar siestas en el sillón de plumas de los Rossi.
Lo del plato es harina de otro costal. El plato me encanta. Es chato y fácil de agarrar y se puede patear sin problemas. Además hace un ruido fenomenal. Como apausos. Me vuelvo como loco.
De más está decir que los Rossi no soportan ese ruido y me mandan con el plato a jugar al patio.
En fin, la convivencia.
Lo del plato es harina de otro costal. El plato me encanta. Es chato y fácil de agarrar y se puede patear sin problemas. Además hace un ruido fenomenal. Como apausos. Me vuelvo como loco.
De más está decir que los Rossi no soportan ese ruido y me mandan con el plato a jugar al patio.
En fin, la convivencia.
viernes, julio 08, 2005
Conociendo
Gracias a mi amigo Rufus he conocido a algunos otros perros dando vueltas por la red. Debo decir que con muchos me sentí identificado aunque algunos hablan medio raro. Mi dueña me explicó que es por una cuestión geográfica y me habló de mapas y de una especie de océano Atlántico que es como un montón de agua junta y salada que separa a los continentes en los que vivimos. Me dio pena porque a mí el agua me da un miedo horrible y si encima es salada, ¡puaj! Por suerte está la internet que nos acerca a aquellos que estamos del otro lado del charco y viceversa.
Así que descubrí a Peludo, un perro simpatiquísimo y lleno de amigos y que vive del otro lado del océano. Si vieran los abrazos que se da con todo el mundo. Lo mejor es que no hace distinciones de ningún tipo porque se hace amigo de todo el mundo, ya sean perros chiquitos o grandes, vagabundos o con hogares humanos. Que se le va a hacer. Por suerte hay perros mejor que uno. Yo no puedo con mi genio y le ladro a todos los perros grandes que veo. Pero no se asusten. Soy gruñón sólo al principio. Después de un par de miradas todos se dan cuenta de que soy un tierno.
Ah, claro, y después está la reina de la web: Juliana Perrolis
Muchachos, háganme la gauchada, che...
¡Que alguien le hable de mí a esta diosa!
Así que descubrí a Peludo, un perro simpatiquísimo y lleno de amigos y que vive del otro lado del océano. Si vieran los abrazos que se da con todo el mundo. Lo mejor es que no hace distinciones de ningún tipo porque se hace amigo de todo el mundo, ya sean perros chiquitos o grandes, vagabundos o con hogares humanos. Que se le va a hacer. Por suerte hay perros mejor que uno. Yo no puedo con mi genio y le ladro a todos los perros grandes que veo. Pero no se asusten. Soy gruñón sólo al principio. Después de un par de miradas todos se dan cuenta de que soy un tierno.
Ah, claro, y después está la reina de la web: Juliana Perrolis
Muchachos, háganme la gauchada, che...
¡Que alguien le hable de mí a esta diosa!
Condenado
No hay remedio que me devuelva la salud. Soy un perro condenado. Un perro enfermo y crónico. El veterinario no entiende cómo es que estoy vivo. Siempre dice que va a escribir un libro sobre mí. Yo creo que debo tener algo de alma gatuna por eso de las siete vidas. Mi dueña prefiere creer que es porque soy demasiado testarudo para morirme. Testarudo o valiente. Depende de cómo se lo mire.
Los hombres me hicieron a imagen y semejanza de los emperadores. Pero resulta que no soy un emperador sino un perro y para colmo con los colmillos torcidos. Me pregunto si los emperadores chinos sufrían tanto como yo.
En estos días la veo que entra y sale de la casa y me saluda despacito, como si estuviera sosteniendo una cosita muy frágil. Es cierto que estoy un poco frágil.
Pero si ella supiera lo frágil que se la ve a ella también.
¿Porque quién la sostiene a ella?
Los hombres me hicieron a imagen y semejanza de los emperadores. Pero resulta que no soy un emperador sino un perro y para colmo con los colmillos torcidos. Me pregunto si los emperadores chinos sufrían tanto como yo.
En estos días la veo que entra y sale de la casa y me saluda despacito, como si estuviera sosteniendo una cosita muy frágil. Es cierto que estoy un poco frágil.
Pero si ella supiera lo frágil que se la ve a ella también.
¿Porque quién la sostiene a ella?
miércoles, julio 06, 2005
Enfermo ¿de qué?
Algo comí. No sé qué pero algo comí que no me hizo bien. Anduve vomitando en su cuarto. Además hace dos noches que no duerme en esta casa. Creo que el culpable es ese tipo alto y despeinado que a veces viene con ella. Ayer llegó sola y ni fuerzas para ir a saludarla. Se me acercó y le moví la cola. Despacito. Ella me tomó entre sus brazos. Sííiiiiii.
Una gloria total.
Una gloria total.
viernes, julio 01, 2005
Encantadora
Es duro aceptar que nunca voy a poder hablar. Sólo salen sonidos guturales. Nunca palabras. En esos casos, ella se acerca y me hace varios cariñitos en la nuca. En otra vida, Panchín, me dice.
A veces los imito y salen sonidos extraños, no muy agradables. Nunca parecen sonidos de perro sino de un viejo cascarrabias que se ha quedado sin voz.
Pujo para que salga la voz pero no. Mis cuerdas vocales se niegan y suelen rajar sonidos estridentes.
Cuando ella canta me desentiendo del todo. Apoyo mi hocico en su guitarra vibrante y dejo que la vibración me recorra íntegro.
Es una encantadora de serpientes.
Es una encantadora de.
Es.
A veces los imito y salen sonidos extraños, no muy agradables. Nunca parecen sonidos de perro sino de un viejo cascarrabias que se ha quedado sin voz.
Pujo para que salga la voz pero no. Mis cuerdas vocales se niegan y suelen rajar sonidos estridentes.
Cuando ella canta me desentiendo del todo. Apoyo mi hocico en su guitarra vibrante y dejo que la vibración me recorra íntegro.
Es una encantadora de serpientes.
Es una encantadora de.
Es.
jueves, junio 30, 2005
La historia del ojo
No. No quiero. No la voy a contar. No quiero. No quiero. No quiero. No quiero.
Me impresiona.
No quiero. No quiero. No quiero.
No quieronoquieronoquieronoquieronoquieronoquiero.
Buaaaaaaaaa.
Me impresiona.
No quiero. No quiero. No quiero.
No quieronoquieronoquieronoquieronoquieronoquiero.
Buaaaaaaaaa.
miércoles, junio 29, 2005
Reflexiones
En la calle aprendí lo riesgoso que era todo.
Había perros demasiado grandes buscando comida y gatos con uñas muy afiladas. A mí las patas que tengo no me sirven para casi nada salvo para ser simpático. Por eso odio a los perros grandes ( sin ánimos de ofender, Rufus, con vos no es la cosa, amigo). Pero lo cierto es que la pasé tan fiero que cuando veo a un grandulón me le tiro al humo enseguida. Mi dueña me dice que soy un inconsiente y puede que tenga razón. Soy pequeño pero tengo carácter. De no haber tenido carácter ahora no estaría vivo. Fue ese carácter el que me salvó de la calle y de la muerte. Y el que hizo que se me perdiera mi bonito ojo.
La historia del ojo nunca la cuento. Hay mucha gente fácilmente impresionable rondando en la internet.
También en la calle aprendí de hembras. Y al que diga que no que lo parta un rayo. Todas valen. Aún para nosotros los más pequeños. Nunca subestimen a un pequinés. Nunca (no sé si me explico).
Ahora me voy a comer mi ración del día.
P.D: Ah, Juliana Perrolis, me dejaste enamoradísimo.
Había perros demasiado grandes buscando comida y gatos con uñas muy afiladas. A mí las patas que tengo no me sirven para casi nada salvo para ser simpático. Por eso odio a los perros grandes ( sin ánimos de ofender, Rufus, con vos no es la cosa, amigo). Pero lo cierto es que la pasé tan fiero que cuando veo a un grandulón me le tiro al humo enseguida. Mi dueña me dice que soy un inconsiente y puede que tenga razón. Soy pequeño pero tengo carácter. De no haber tenido carácter ahora no estaría vivo. Fue ese carácter el que me salvó de la calle y de la muerte. Y el que hizo que se me perdiera mi bonito ojo.
La historia del ojo nunca la cuento. Hay mucha gente fácilmente impresionable rondando en la internet.
También en la calle aprendí de hembras. Y al que diga que no que lo parta un rayo. Todas valen. Aún para nosotros los más pequeños. Nunca subestimen a un pequinés. Nunca (no sé si me explico).
Ahora me voy a comer mi ración del día.
P.D: Ah, Juliana Perrolis, me dejaste enamoradísimo.
Sale el sol
¡Albricias!
Hoy se levantó de la cama y me saludó con voz alegre. Aún no ha salido a trabajar. Mejor. La tengo toda para mí. Mientras escribe sus cosas importantes yo me siento abajo de sus pies. Me gusta sentir sus pies. No sé por qué pero es así.
Hoy se levantó de la cama y me saludó con voz alegre. Aún no ha salido a trabajar. Mejor. La tengo toda para mí. Mientras escribe sus cosas importantes yo me siento abajo de sus pies. Me gusta sentir sus pies. No sé por qué pero es así.
lunes, junio 27, 2005
Bella durmiente
Esta casa huele a menta, manzanilla, eucaliptus.
El viernes mi dueña llegó de la calle y ni fuerzas para levantarme. Me puse en dos patas y nada. Sólo me sonrió diciendo, bueno, bueno, Panchín, después. Y ese "después" no llegó. Se sumergió en un sopor de sueño y efluvios que salían de su boca y nariz. Ni siquiera dijo que no cuando me subí a su cama y me acomodé a su lado. Me abrazó fuerte temblando, como queriendo espantar alguna herida fuerte. Pero no había sangre. Sólo se olía una sudoración fuera de la común. Inspeccioné un poco la habitación: sus papeles, las carpetas apoyadas en el suelo, la ropa de trabajo. Todo parecía normal. El olor provenía de ella. Dormida.
El viernes mi dueña llegó de la calle y ni fuerzas para levantarme. Me puse en dos patas y nada. Sólo me sonrió diciendo, bueno, bueno, Panchín, después. Y ese "después" no llegó. Se sumergió en un sopor de sueño y efluvios que salían de su boca y nariz. Ni siquiera dijo que no cuando me subí a su cama y me acomodé a su lado. Me abrazó fuerte temblando, como queriendo espantar alguna herida fuerte. Pero no había sangre. Sólo se olía una sudoración fuera de la común. Inspeccioné un poco la habitación: sus papeles, las carpetas apoyadas en el suelo, la ropa de trabajo. Todo parecía normal. El olor provenía de ella. Dormida.
miércoles, junio 22, 2005
Pulgoso
¡Oh, me leen!
Ahora pondré más empeño en escribir mis historietas. Es toda una responsabilidad, che.
Por ahora sólo diré que en estos días me muero de frío. Y no hay peor pesadilla para un perro que la peluquería. Para colmo me agarré pulgas. Y ya sabemos lo que es eso: baños antipulgas, una gota horrible con olor a insecticida en el cuello (ya sé, mis detractores dirán ¿qué cuello tenés vos?) y que mis dueños no quieran hacerme mimitos. Y niditos de pulgas en la alfombra mezclado con el temor de un posible ataque demodéxico.
Soy un pobre paria, la verdad.
Menos mal que al solcito se me olvidan todos estos problemas y sueño que soy un perro cazador de nariz grandota y patas cortitas y rápidas.
En mi sueño atrapo cuanto pajarito se me cruza. Y mi dueña no grita horrorizada ¡que hacéeeees Paaaanchoooo! sino que me dice: "eso es mi buen Pancho, eso es".
Ahora pondré más empeño en escribir mis historietas. Es toda una responsabilidad, che.
Por ahora sólo diré que en estos días me muero de frío. Y no hay peor pesadilla para un perro que la peluquería. Para colmo me agarré pulgas. Y ya sabemos lo que es eso: baños antipulgas, una gota horrible con olor a insecticida en el cuello (ya sé, mis detractores dirán ¿qué cuello tenés vos?) y que mis dueños no quieran hacerme mimitos. Y niditos de pulgas en la alfombra mezclado con el temor de un posible ataque demodéxico.
Soy un pobre paria, la verdad.
Menos mal que al solcito se me olvidan todos estos problemas y sueño que soy un perro cazador de nariz grandota y patas cortitas y rápidas.
En mi sueño atrapo cuanto pajarito se me cruza. Y mi dueña no grita horrorizada ¡que hacéeeees Paaaanchoooo! sino que me dice: "eso es mi buen Pancho, eso es".
viernes, junio 17, 2005
¿Nadie me lee?
Estoy convencido de que nadie entra a esta página. Ni siquiera mi dueña. De modo que puedo hablar mal de todo el mundo y nadie se va a dar cuenta. No está mal aunque bueno, hablar mal de alguien en el caso de un perro como yo puede ser un poco aburrido. ¿Qué es lo que voy a decir? Mis broncas son pocas y muy bien infundadas. Así que:
¡A otro perro con ese hueso!
¡A otro perro con ese hueso!
martes, mayo 31, 2005
Si ella lo dice
Alguien por ahí ha dicho que soy muy feo y que con mi foto espanto a los posibles lectores de este blog. Pues bien, sepan que mi dueña me dice que soy hermoso por lo menos ciento cuatro veces por día.
Odisea del nombre II
La primera vez que los vi ya estaban juntos. Fue él quién me llevó envuelto en una remera rota a esa sala blanca inmaculada. Yo manchaba todo, me pusieran donde me pusieran. Dejaba una mancha oleosa en el piso. Y sangre. No era muy agradable que digamos. Ella me miraba con sus ojos enormes y me acariciaba la cabecita (que era lo único que me podían tocar sin asco).
¿Quién iba saber lo que me esperaba allí?
Yo pensaba, estos están locos, ¡me están sacando a pasear!¡ No les basta con que sea un freak en el porche de su casa, ahora quieren que me vea todo el barrio! Pero no, el objetivo era esa misma salita blanca y ¡chan! una aguja enorme y poco amigable ¡ouch! se clava en mi pobre carnecita.
Lo último que recuerdo fue la voz de ella diciéndome que yo era kreitton, es decir, el más valiente de todos. Está loca, me dije. Y me juré, antes de caer dormido por la anestecia, que si salía de ésa, jamás dejaría que me llamaran por ese nombre ridículo.
¿Quién iba saber lo que me esperaba allí?
Yo pensaba, estos están locos, ¡me están sacando a pasear!¡ No les basta con que sea un freak en el porche de su casa, ahora quieren que me vea todo el barrio! Pero no, el objetivo era esa misma salita blanca y ¡chan! una aguja enorme y poco amigable ¡ouch! se clava en mi pobre carnecita.
Lo último que recuerdo fue la voz de ella diciéndome que yo era kreitton, es decir, el más valiente de todos. Está loca, me dije. Y me juré, antes de caer dormido por la anestecia, que si salía de ésa, jamás dejaría que me llamaran por ese nombre ridículo.
sábado, mayo 28, 2005
¿Kreitton?
Mi dueña quería ponerme un nombre ridículo. Una palabra en griego. Significaba "el más valiente".
Pero, ¿para qué? Si con sólo verme todos se daban cuenta.
Y, además, para qué meter a los griegos en todo esto...
¿Qué tengo yo de griego?
Si por lo menos hubiera elegido un nombre en chino.
Pero no.
Esta ignorante ni siquiera pronuncia bien "Beijing".
Pero, ¿para qué? Si con sólo verme todos se daban cuenta.
Y, además, para qué meter a los griegos en todo esto...
¿Qué tengo yo de griego?
Si por lo menos hubiera elegido un nombre en chino.
Pero no.
Esta ignorante ni siquiera pronuncia bien "Beijing".
viernes, mayo 20, 2005
domingo, mayo 15, 2005
Domingos
Domingo por la tarde.
Los días de lluvia me ponen triste. Y más si a mi dueña se le da por escuchar esa música de flautas y oboes.
Aquí la casa parece dormida. Hasta las seis de la tarde el living es todo mío. Mío el sillón, mía la hamaca, mío el almohadón, mía la tortuga de trapo. Quien inventó la frase "vida de perros" debió haberlo pensado mejor.
Desde mi lecho -léase sillón con almohadones de pluma mulliditos- veo a mi dueña afanándose en las lecturas para mañana, lunes. Ultimamente me gruñe bastante. En estos casos, mejor cerrar los ojos y hacerse el dormido.
P.D: Hoy comieron canelones de verdura. Ni una migaja. Tristeza nao tem fim...
Los días de lluvia me ponen triste. Y más si a mi dueña se le da por escuchar esa música de flautas y oboes.
Aquí la casa parece dormida. Hasta las seis de la tarde el living es todo mío. Mío el sillón, mía la hamaca, mío el almohadón, mía la tortuga de trapo. Quien inventó la frase "vida de perros" debió haberlo pensado mejor.
Desde mi lecho -léase sillón con almohadones de pluma mulliditos- veo a mi dueña afanándose en las lecturas para mañana, lunes. Ultimamente me gruñe bastante. En estos casos, mejor cerrar los ojos y hacerse el dormido.
P.D: Hoy comieron canelones de verdura. Ni una migaja. Tristeza nao tem fim...
sábado, mayo 14, 2005
Un poco de historia
Un poco de historia nunca viene mal. Porque aquí en esta casa nadie sabe nada, sólo saben hacer conjeturas.
Por ejemplo, ¿por qué aparecí en el alero de los Rossi, sucio de brea, lastimado en carne viva y un ojo colgando?
¿Por qué?
¿De dónde vine? ¿Tenía un hogar antes de llegar aquí? ¿Qué día nací? ¿Siempre estuve en la calle? ¿Quién era mi madre?
Los humanos son muy graciosos y los Rossi no se andan con chiquitas. Son tremendamente curiosos y no paran de hacer todo tipo de conjeturas sobre mi origen. Yo los miro y me lamo la nariz para no reirme pero a veces no puedo evitarlo. Cuando las comisuras de mi boca se me curvan viene mi dueña y me estampa uno de esos besos que a su novio lo volverían loco. ¡Miren!, exclama, ¡Pancho se está riendo! Y, por supuesto, el resto de los Rossi la miran como si se hubiera vuelto loca.
Pero no, yo me río mucho. De verdad.
Ahora vayamos al meollo del asunto.
Aparecí en el alero de los Rossi una tarde muy calurosa de Diciembre. Si mal no recuerdo fue exactamente un 8 de Diciembre, día de la Virgen o algo así. Un día cualquiera para mí pero no para muchos de ustedes que andan armando arbolitos de Navidad y esas cosas.
El alero era increíble, un paraíso. Hacía días que venía cansado, mugriento, había pasado por calles donde habían estado asfaltando y tenía los pies empastados en una masa negra, horrible. Tenía sed y calor. Estaba literalmente en el infierno. Y de pronto, entre tantas verjas cerradas con jardines increíbles, encontré una rejita bajita abierta de par en par.
Parecía un espejismo.
Porque díganme, ustedes, en esta ciudad ¿quién corno deja las verjas abiertas? Pero los Rossi son así. Hacen todas las cosas al revés y esta verja estaba abierta de par en par. Y me metí, claro.
No tardó mucho en abrirse la puerta y salir un chico con un poco de agua. Eso no me sorprendió: la gentileza de este barrio es sorprendente. Nunca me dieron tanto de comer como en esos días donde estuve deambulando por las calles de Olivos. Nunca. Tanto comí que después los Rossi me tuvieron que poner a dieta (orden del veterinario Gustavo, dicen).
Pero volvamos al asunto: el alero era una maravilla. Pastito fresco, un pino que daba sombra y el olor de una hembra collie, una princesa que los Rossi guardaban celosamente tras la ventana de su living y que me miraba con unos ojos marrones muy profundos. Luego no tardé en saber que esa preciosura se llamaba Malena y que, claro está, era la "reina" de la casa.
Pero, en ese momento, poco podía interesarme esta collie: yo estaba en la antesala de la muerte y el alero parecía ser el lugar privilegiado para dejar de existir.
Porque, claro, ustedes no deben entender nada de nada.
Y es que nosotros somos así: vuelteros.
Ya terminaré de contar esta historia.
Por ejemplo, ¿por qué aparecí en el alero de los Rossi, sucio de brea, lastimado en carne viva y un ojo colgando?
¿Por qué?
¿De dónde vine? ¿Tenía un hogar antes de llegar aquí? ¿Qué día nací? ¿Siempre estuve en la calle? ¿Quién era mi madre?
Los humanos son muy graciosos y los Rossi no se andan con chiquitas. Son tremendamente curiosos y no paran de hacer todo tipo de conjeturas sobre mi origen. Yo los miro y me lamo la nariz para no reirme pero a veces no puedo evitarlo. Cuando las comisuras de mi boca se me curvan viene mi dueña y me estampa uno de esos besos que a su novio lo volverían loco. ¡Miren!, exclama, ¡Pancho se está riendo! Y, por supuesto, el resto de los Rossi la miran como si se hubiera vuelto loca.
Pero no, yo me río mucho. De verdad.
Ahora vayamos al meollo del asunto.
Aparecí en el alero de los Rossi una tarde muy calurosa de Diciembre. Si mal no recuerdo fue exactamente un 8 de Diciembre, día de la Virgen o algo así. Un día cualquiera para mí pero no para muchos de ustedes que andan armando arbolitos de Navidad y esas cosas.
El alero era increíble, un paraíso. Hacía días que venía cansado, mugriento, había pasado por calles donde habían estado asfaltando y tenía los pies empastados en una masa negra, horrible. Tenía sed y calor. Estaba literalmente en el infierno. Y de pronto, entre tantas verjas cerradas con jardines increíbles, encontré una rejita bajita abierta de par en par.
Parecía un espejismo.
Porque díganme, ustedes, en esta ciudad ¿quién corno deja las verjas abiertas? Pero los Rossi son así. Hacen todas las cosas al revés y esta verja estaba abierta de par en par. Y me metí, claro.
No tardó mucho en abrirse la puerta y salir un chico con un poco de agua. Eso no me sorprendió: la gentileza de este barrio es sorprendente. Nunca me dieron tanto de comer como en esos días donde estuve deambulando por las calles de Olivos. Nunca. Tanto comí que después los Rossi me tuvieron que poner a dieta (orden del veterinario Gustavo, dicen).
Pero volvamos al asunto: el alero era una maravilla. Pastito fresco, un pino que daba sombra y el olor de una hembra collie, una princesa que los Rossi guardaban celosamente tras la ventana de su living y que me miraba con unos ojos marrones muy profundos. Luego no tardé en saber que esa preciosura se llamaba Malena y que, claro está, era la "reina" de la casa.
Pero, en ese momento, poco podía interesarme esta collie: yo estaba en la antesala de la muerte y el alero parecía ser el lugar privilegiado para dejar de existir.
Porque, claro, ustedes no deben entender nada de nada.
Y es que nosotros somos así: vuelteros.
Ya terminaré de contar esta historia.
viernes, mayo 13, 2005
Entendimiento
Yo viví muchas vidas.
Yo fui Emperador y Mendigo.
Ayer entendí por qué no entiendo a los humanos.
Tienen demasiadas expresiones. Trato de imitarlos pero es casi imposible. Y digo casi porque a veces me sale bastante bien. Pero mi boca no siempre responde. Mi boca es dura y mi lengua sólo sirve para lamer la mano del amo. Por eso los gruñidos. Todos creen que soy muy simpático pero por dentro mío sólo hay revoluciones. Nunca seré como ellos. Me suben a una silla, me dan besos, me llenan de caricias, tengo mi plato lleno y un nombre.
Un nombre que "paradójicamente" pude elegir yo.
Ya les contaré.
Yo fui Emperador y Mendigo.
Ayer entendí por qué no entiendo a los humanos.
Tienen demasiadas expresiones. Trato de imitarlos pero es casi imposible. Y digo casi porque a veces me sale bastante bien. Pero mi boca no siempre responde. Mi boca es dura y mi lengua sólo sirve para lamer la mano del amo. Por eso los gruñidos. Todos creen que soy muy simpático pero por dentro mío sólo hay revoluciones. Nunca seré como ellos. Me suben a una silla, me dan besos, me llenan de caricias, tengo mi plato lleno y un nombre.
Un nombre que "paradójicamente" pude elegir yo.
Ya les contaré.
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